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En 1860, Louis Ulysse Chopard, un joven relojero suizo de la región del Jura, fundó su taller en Sonvilier. Con solo 24 años, comenzó a crear relojes cronómetros y de bolsillo de alta precisión, que rápidamente ganaron notoriedad en los círculos de relojería de Rusia, Escandinavia y Europa del Este. Su trabajo fue tan admirado que incluso alcanzó la corte del zar Nicolás II.
Tras la muerte de Louis Ulysse en 1915, la marca pasó a su hijo Paul Louis Chopard y luego a su nieto Paul André. Fue bajo su dirección que Chopard se trasladó a La Chaux-de-Fonds en 1921, y en 1937 a Ginebra, cumpliendo con los rigurosos requisitos del Sello de Ginebra, uno de los símbolos más prestigiosos de la alta relojería suiza.
En 1963, Chopard vivió un cambio crucial en su historia cuando Paul André vendió la marca a Karl Scheufele III, un empresario alemán. Esta adquisición marcó el comienzo de una nueva era, impulsada por la visión innovadora de los Scheufele. Bajo su liderazgo, la marca logró un equilibrio perfecto entre relojería de precisión y joyería creativa, lo que permitió a Chopard expandirse a nuevas categorías de productos.
En 1976, Chopard presentó su primera colección de joyas icónicas: Happy Diamonds. Esta innovadora creación consistía en diamantes móviles entre cristales de zafiro, una idea revolucionaria que captó la atención del mundo de la moda y el lujo. Esta creación fue el primer paso para que Chopard girara hacia una fuerte apuesta por colecciones femeninas y deportivas.
Durante los años 80, la marca expandió su línea de relojes deportivos para hombres, lo que consolidó su presencia en el sector masculino. Además, en 1996, Chopard inauguró la manufactura de movimientos L.U.C. en Fleurier, lo que permitió a la marca consolidar su independencia técnica.
Actualmente, Chopard sigue siendo una empresa familiar dirigida por Karl Friedrich y Caroline Scheufele. La marca produce aproximadamente 75.000 relojes y 75.000 piezas de joyería anuales, con su sede principal en Ginebra.
Desde 2013, Chopard utiliza exclusivamente oro ético en todas sus colecciones, alineándose con su filosofía sostenible. La marca también es miembro del Responsible Jewellery Council, lo que refuerza su compromiso con una joyería responsable y respetuosa con el medio ambiente.
Una de las colaboraciones más emblemáticas de Chopard es su relación con el Festival de Cannes, en la que la marca ha sido patrocinadora desde 1998. Además, Chopard creó la famosa Palme d’Or, el premio otorgado al mejor director del festival, consolidándose como una marca de lujo asociada con el cine y el glamour.
Otro vínculo significativo es con la Mille Miglia, una de las carreras de coches clásicos más prestigiosas. Desde 1988, Chopard es patrocinador oficial, creando relojes inspirados en automóviles clásicos, lo que resalta su compromiso con la excelencia y la precisión.
Hoy en día, Chopard es sinónimo de la fusión perfecta entre la tradición suiza, la precisión técnica y la creatividad artística en la joyería. Su fuerte compromiso con la sostenibilidad, su diseño innovador y su espíritu familiar la han posicionado como una de las marcas de lujo más valoradas y admiradas por coleccionistas de todo el mundo.
Chopard sigue siendo una marca que no solo define el lujo, sino que también marca la pauta en cuanto a responsabilidad ética y medioambiental en la industria de la alta relojería y la joyería de lujo.
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